Trigo y otros cereales con gluten

Aunque los cereales sean muy comunes en nuestra dieta, en términos de evolución de la especie humana, estos alimentos son extraños en nuestra dieta. El hombre introdujo los cereales en su alimentación hace sólo 10.000 años, un periodo muy corto en comparación con sus 5 millones de años de evolución, por lo que no estamos todavía suficientemente adaptados a este alimento.

El trigo actual, además, nada tiene que ver con el trigo primitivo silvestre, debido a su hibridación y a la manipulación genética que ha sufrido, de forma que nuestras enzimas digestivas no pueden reconocerlo y descomponerlo adecuadamente, para poder asimilarlo en el intestino y aprovechar sus nutrientes.

Además, con los procesos de refinado industrial de las harinas de estos cereales, se eliminan la mayor parte de las vitaminas, las grasas y la fibra, ya que estos se encuentran en la piel del cereal, generando así un subproducto carente de nutrientes con decenas de aditivos químicos como los leudantes, fortificantes, blanqueadores, emulgentes, humectantes, conservantes…

Si echamos un vistazo a la etimología de la palabra gluten, podemos comprobar que proviene del latín gluten, que significa cola o goma que sirve para aglutinar o pegar cosas. Debemos tener en cuenta que la industria lo utiliza en la elaboración de muchos productos adhesivos.

En el interior de nuestros intestinos, el gluten del trigo y del resto de cereales que lo contienen, como la cebada, el centeno y la avena, producen el mismo efecto, creando una capa de mucosidad que reduce la asimilación de los nutrientes de los alimentos que los acompañan.

Esta mucosidad que se forma entre las vellosidades intestinales, con el tiempo y un consumo continuado de gluten, hará que se atrofien y que permitan el acceso al interior del organismo de sustancias que no están suficientemente digeridas, además de crear el entorno adecuado para que proliferen bacterias perjudiciales para nuestro cuerpo.

En la actualidad, numerosos científicos de todo el mundo, como el Dr. Seignalet, están comenzando a establecer la relación entre el consumo de trigo y diversas enfermedades autoinmunes como fibromialgia, poliartritis reumatoide, esclerosis múltiple, dermatitis herpetiforme, migrañas, diabetes juvenil, depresiones nerviosas, esquizofrenia, Alzheimer, Parkinson, enfermedad de Crohn…

Otro de los efectos poco conocidos del gluten, es el que provocan los péptidos mal digeridos que consiguen atravesar la barrera intestinal. Estos péptidos pueden fijarse a los receptores opioides del cerebro estimulando el apetito, generando adormecimiento, apatía, confusión mental, y como cualquier otro opiáceo, dependencia a su consumo.

Muchas personas, presentan algún tipo de intolerancia al gluten, de hecho, alrededor de un 10% de la población presenta una enfermedad autoinmune llamada celiaquía. Esta enfermedad se produce cuando el sistema inmunológico se activa frente a las proteínas presentes en el gluten generando daños en los propios tejidos intestinales.

Los síntomas normales de este tipo de enfermedad son distensión y dolor abdominal, diarrea o estreñimiento, heces malolientes, pérdida de peso, vómitos, anemia, fatiga, letargo, llagas en la boca, retraso del crecimiento…

Por el contrario, otras personas no muestran ninguno de los síntomas digestivos, por lo que son raramente diagnosticados como celíacos. Esta enfermedad se puede presentar como migrañas, trastornos hepáticos, osteoporosis, dolor articular, entumecimiento de las piernas, abortos… Asimismo, pueden aparecer trastornos de conducta, depresión, epilepsia…

Además, existen también muchas personas que aun no siendo celiacas, presentan algún tipo de intolerancia al gluten o sufren reacciones alérgicas cuando lo ingieren, pudiendo producir alteraciones intestinales como inflamación, gases y dolor abdominal.

En la actualidad, sólo entre el 10 y el 20% de los celiacos son diagnosticados, ya que muchos de ellos son asintomáticos, o sus síntomas no son atribuidos a esta enfermedad.  Lo que diferencia a una persona celiaca y a una que no lo es, es el grado en que el gluten es capaz de afectar al organismo. A pesar de ello, son muchas las personas que ya se están beneficiando de una dieta libre de gluten, como el tenista Novak Djokovic. Si decides probar a llevar una dieta sin gluten, durante al menos dos semanas, podrás comprobar si sientes alguna mejoría, y posteriormente, si sientes que se agravan algunos de tus problemas de salud al volver a incluirlo en tu dieta diaria. El esfuerzo vale la pena.

Bibliografía:

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