La Enfermedad

La enfermedad no es otra cosa que el esfuerzo del organismo por eliminar el exceso de toxinas. Cuando alguno de estos órganos recibe grandes cantidades de tóxicos que exceden su capacidad de filtrado y eliminación, los derivan a otro órgano complementario, continuando con el proceso de desintoxicación. Pero cuando superamos el umbral de capacidad de los órganos complementarios, el organismo generará una crisis curativa de desintoxicación, aguda y de corta duración, recurriendo para ello a otras vías secundarias de eliminación a través de catarros, fiebre, bronquitis, tos, vómitos, diarreas, infecciones… Existen además, otros síntomas como el dolor de cabeza, el malestar general, la sensibilidad a ruidos y luces fuertes… que nos indican que necesitamos un reposo. Estas crisis no son verdaderas enfermedades sino diferentes formas de eliminación de las sustancias tóxicas. Son verdaderas crisis curativas que no debemos intentar combatir con ninguna clase de remedio terapéutico, ya que desaparecerán los síntomas pero la enfermedad continuará. No debemos combatir los síntomas, sino las causas.

Si continuamos por el camino de combatir los síntomas, tarde o temprano, el organismo se adapta y aprende a tolerar las toxinas a cambio de una pérdida de vitalidad, de forma que no tendrá la suficiente energía como para generar una crisis depurativa, y los órganos de eliminación dejaran de funcionar tan eficientemente. El cuerpo se verá obligado a arrinconar las sustancias tóxicas en alguna parte, acumulándose progresivamente y dando origen a lo que conocemos como enfermedad crónica. Esta enfermedad manifiesta una forma de vida errónea de la persona que la padece, y mientras que no se cambie de actitud, esta continuará degenerando progresivamente la estructura de los órganos y tejidos del cuerpo convirtiéndose en una enfermedad degenerativa.

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