La comida que nos enferma

En esta sección, haremos un pequeño recorrido por los alimentos que acidifican el organismo y de aquellos que suponen la ingestión o producción en el interior del organismo, de diversas sustancias tóxicas.

En la actualidad, nuestra dieta se basa en un alto consumo de proteínas, y no sólo de carne, sino también de pescados, huevos, lácteos y la recién incorporada soja. Según los últimos estudios, superamos de 3 a 4 veces las cantidades recomendadas en ingesta de proteínas por la OMS. Debemos comprender que más allá de las sustancias tóxicas que el actual modelo de producción crea, la proteína animal es un factor de ensuciamiento en sí misma, ya que en su digestión se originan gran cantidad de residuos acidificantes como el ácido úrico o el amoniaco. Además, al comer estos alimentos en grandes cantidades, producimos que la mayoría de las veces, no sean eficientemente digeridos y que se pudra en los intestinos, generando sustancias que nos intoxican y nos desnutren, al tiempo que favorecen el estreñimiento. Contrariamente, la proteína de origen vegetal es más fácil de asimilar, ensucia mucho menos y no genera adicción.

El caso de los derivados lácteos es especial, ya que la proteína de la leche de vaca provoca una respuesta inmunológica muy alta cada vez que la ingerimos. Si el aporte de lácteos es diario, la respuesta inmune también lo será, de manera que acabaremos por agotar a nuestro sistema inmune. Además, su proteína es de muy difícil digestión, provocando que muchas de estas moléculas pasen intactas al torrente sanguíneo produciendo asma, sinusitis, alergias, artritis, diabetes, mucosidad… Tal es así que la Asociación Americana de Pediatría desaconseja su uso en niños.

La soja se presenta como el gran sustituto de la carne en la dieta vegana, aunque en grandes cantidades, puede provocar los mismos efectos que la carne o los lácteos. La soja es muy indigesta debido a sus inhibidores enzimáticos, que producen también una mala absorción de zinc y hierro en el organismo. Además, sus actuales procesos de producción, desnaturalizan su proteína, volviéndola más difícil de digerir y generando sustancias carcinógenas.

Al igual que ocurre con las proteínas, estamos sometidos a un excesivo consumo de azúcares y cereales refinados, los cuales provocan picos de azúcar en sangre, por lo que el organismo dispara los niveles de insulina. Esta hormona, es la responsable de hacer llegar el azúcar a las células para proveerlas de energía y de que puedan ser almacenados en el hígado los excedentes. Con el tiempo, y con el abuso de los azúcares y cereales refinados, este mecanismo natural llevado al extremo, puede hacer que las células detecten esta hormona como algo tóxico y se proteja de ella impidiendo el acceso de los azucares a la célula, creando una resistencia a la insulina y dando lugar a la diversos síntomas como inflamaciones, retención de líquidos, ansiedad, irritabilidad, hiperactividad, depresión… y con el tiempo diabetes.

No debemos olvidar que durante los procesos de refinamiento de estos productos, se eliminan el germen, la fibra, las proteínas, las vitaminas y por supuesto las enzimas. La ausencia de fibra, además de generar estreñimiento, provoca un incremento de la velocidad con que los azúcares pasan a la sangre.

Las grasas, hoy en día, se presentan de formas muy distintas en el mercado, desde los saludables aceites vegetales a las mantequillas, natas, margarinas o mantecas de origen animal. El mayor problema actual es de las grasas hidrogenadas o margarinas, ya que el aceite vegetal se hidrogena y se satura, convirtiendo estas grasas saludables en grasas trans, con una composición similar al plástico. Actualmente, y debido a su menor coste, se emplea en la gran mayoría de los productos precocinados o preparados, como en la bollería, en los helados e incluso en los lácteos.

Además, tenemos el grave problema de la gran ingesta de colesterol a través de los productos de origen animal, especialmente los huevos, los quesos y la carne grasa, que tantos problemas está generando hoy en día.

Por otra lado, las sustancias excitantes como el café, el té, el cacao, las bebidas de cola, el tabaco, el alcohol, algunos fármacos y las drogas ilegales, provocan que el cuerpo responda a su ingesta con una excitación del sistema nervioso, con un incremento de la glucosa en sangre, aumentando la tensión arterial y originando dependencia y toxicomanía. Estas reacciones son consecuencia de la respuesta del organismo frente a esas sustancias extrañas que no puede asimilar.

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