El proceso de digestión y asimilación

Los alimentos que ingerimos diariamente se componen de diversas sustancias nutritivas, como por ejemplo los hidratos de carbono, las proteínas, las grasas, las vitaminas, los minerales, la fibra, las enzimas… y cada uno de ellos necesita de un proceso de digestión distinto para que pueda ser asimilado adecuadamente por el organismo. El aparato digestivo es capaz de reconocer los alimentos cuando no están muy mezclados entre sí y formar los jugos digestivos adecuados para cada tipo, ajustando el nivel ácido del estómago y proporcionando las enzimas adecuadas para su descomposición en moléculas suficientemente simples.

Los hidratos de carbono como la patata, el boniato, la calabaza, la zanahoria, los cereales… comienzan su digestión en boca, a través de las enzimas presentes en la saliva, de ahí la importancia de masticar e insalivar bien los alimentos. Una vez en el estómago, su digestión se detiene ante la presencia de los ácidos, y se reanuda de nuevo en los intestinos, de forma que su digestión se produce casi exclusivamente en el intestino delgado.

Las frutas, es un caso especial de hidratos de carbono, que al tener unas moléculas muy sencillas, casi no necesitan de digestión previa para poder ser asimiladas por el organismo, de forma que pasan directamente al intestino. Por este motivo, las frutas no se deben mezclar con ningún tipo de alimento, ya que tendrían que esperar durante mucho tiempo en el estómago para poder ser asimiladas corriendo el riesgo de que fermenten y no puedan ser asimilados todos sus beneficiosos nutrientes de manera adecuada.

Si mezclamos los hidratos de carbono con ácidos como el vinagre, las frutas ácidas o el tomate, dejarán de segregarse en la boca las enzimas necesarias para su digestión, de manera que estos hidratos tendrán que esperar a llegar al intestino para poder comenzar su digestión, por lo que no se realizará una buena digestión y requerirá un esfuerzo extra del organismo.

La proteína como la que contienen los productos derivados de los animales (carne, pescado, huevos, lácteos) los frutos secos y las semillas, se digieren únicamente en el estómago, a través de las enzimas que allí se producen y de sus ácidos, al contrario de lo que ocurre con los hidratos de carbono. Por lo que si ingerimos en la misma comida, y en grandes cantidades, muchos hidratos de carbono, especialmente cereales, con alimentos ricos en proteínas, especialmente si son de origen animal, la digestión y la asimilación de nutrientes será menor, ya que se producirán fermentaciones en el caso de los hidratos y putrefacción en el caso de las proteínas.

La grasa procedente de los productos de origen animal, de los aceites vegetales, de la mantequilla, de los frutos secos… comienza su digestión en el estómago, aunque se completa en el intestino. Su presencia ralentiza la digestión de las proteínas y de los hidratos de carbono, por lo que prolongarán el tiempo de la digestión.

A consecuencia de una mala combinación de los alimentos, se alarga la digestión y se hace más difícil, se reduce la asimilación de nutrientes, y además, se producen sustancias tóxicas por la fermentación y putrefacción de los alimentos. Estas sustancias tóxicas pueden degradar la mucosa digestiva y si nuestro filtro del intestino deja de funcionar adecuadamente, aumentará su permeabilidad y permitirá el paso de moléculas de mayor tamaño o tóxicas que puedan provocar reacciones alérgicas graves u otras enfermedades.

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