¿Cómo nos depuramos?

Uno de los principales objetivos del organismo es mantener limpios los fluidos corporales y para realizar esta función el cuerpo dispone de varios órganos especializados llamados emuntorios. Estos órganos son los intestinos, el hígado, los riñones, la piel, los pulmones y el sistema linfático, y aunque son muchos y hacen un gran trabajo, muchas veces no es suficiente para depurar la gran cantidad de tóxicos que ingresan en nuestro organismo.

Cada persona es distinta, por lo que la enfermedad que se manifieste en nuestro cuerpo también será distinta, en función del órgano que se sobrecargue. A pesar de eso, lo que sí está claro, es que todas ellas tienen un origen común. Por eso, nuestro principal objeto debería ser ayudar a mantener limpio nuestro organismo, pero ¿por dónde comenzamos? Primero debemos minimizar el ingreso de nuevos tóxicos a nuestro organismo, en segundo lugar evacuar todos los desechos que se han acumulado durante años, y por último, satisfacer las verdaderas necesidades nutricionales de nuestro cuerpo.

Antes de comenzar a remover todos los desechos incrustados en los tejidos, que se vuelquen a los fluidos y que se eliminen a través de los emuntorios, debemos estimular el funcionamiento de los órganos responsables de la limpieza, para asegurarnos de que el proceso depurativo funcionará correctamente y no creemos una crisis todavía mayor.

Existen alimentos y hierbas medicinales que estimulan el proceso de eliminación de determinados órganos, pero ¿por qué órgano debemos comenzamos? Si reconocemos el tipo de desecho que se ha acumulado en nuestro cuerpo, sabremos que órgano es el que requiere de nuestra atención. Estos procesos de desintoxicación suelen ser largos y dependerán de la cronicidad de la enfermedad y de la cantidad de sustancias tóxicas acumuladas, así que no podemos pretender solucionar en dos semanas, muchos años de errores.

En nuestro organismo existen principalmente dos tipos de desechos, los cristales y los coloides. Los cristales son partículas duras y afiladas como por ejemplo el ácido úrico o las arenillas que se producen en las articulaciones, los riñones o las vesículas. El acúmulo de este tipo de desecho puede provocar crisis dolorosas como cálculos, ciática, reumatismo… Son generados principalmente por la ingesta excesiva de proteínas, especialmente la animal, por un desequilibrio mineral o por el abuso de los refinados. Estas sustancias de deshecho se evacuan a través de los riñones y la piel, y puesto que son solubles en agua, su eliminación se beneficia con el aporte de líquidos.

Por otro lado, los coloides, son sustancias blandas, como por ejemplo la mucosidad o el sebo y su acumulación provoca asma, sinusitis, acné… Su fuente principal de producción son los lácteos, las harinas refinadas y las grasas calentadas o hidrogenadas. Estos residuos se evacuan por el hígado, el intestino y la piel. En última instancia, y cuando estos órganos están saturados, siguen el camino de las vías respiratorias. Puesto que estas sustancias no se disuelven en líquidos, la tarea de eliminación se acelera ante la ausencia temporal de líquidos, ya que se estimula la transferencia de estas sustancias desde el sistema linfático hasta la sangre.

Debemos ser conscientes de la importancia de la alimentación en estos procesos de intoxicación corporal y eliminación de toxinas. Con unos hábitos de nutrición adecuados, dejaríamos de ingerir esos tóxicos y le daremos a nuestro cuerpo el tiempo y la energía necesarios para que gestione por sí mismo el grave problema de acumulación de toxinas en nuestros tejidos, recobrando la salud.

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