La arquitectura puede enfermarnos

Nos preocupamos mucho por la contaminación del aire en nuestras ciudades, pero le 80% de nuestro tiempo lo pasamos en edificios cerrados, contaminados en mayor o menor grado, por lo que debemos tener en cuenta que la arquitectura puede enfermarnos. La gente que trabaja en edificios enfermos padece dolores de cabeza, nauseas, eritemas, sequedad cutánea, escozor, rinitis alérgica, congestión nasal, ardor en los ojos, lagrimeo, sequedad de garganta, tos seca, dificultad respiratoria… dolencias todas ellas, que hacen que nos sintamos mal, disminuyendo nuestra capacidad de concentración y nuestro rendimiento.

La Organización Mundial de la Salud define a este conjunto de síntomas o dolencias originadas por la contaminación del aire en espacios cerrados, Síndrome del Edificio Enfermo. Hace 30 años que se detectó y sus síntomas han crecido al mismo ritmo que los edificios que los producen.Los factores que contribuyen a generar este conjunto de molestias, están ligadas al diseño del ambiente interior del edificio, por lo que edificios con piel de cristal, cerrados herméticamente y con ventilación centralizada suelen tener muchas posibilidades de desarrollar esta patología.

Las causas que pueden originar estos trastornos son muy variadas, ya que es la suma de varios factores como la mala ventilación, una temperatura inadecuada o humedad deficiente del aire, escasa iluminación o por el contrario excesiva, la electricidad estática ambiental, los campos electromagnéticos, la excesiva cantidad de partículas de polvo en suspensión, el humo del tabaco, los gases de origen químico (provenientes de las pinturas, el mobiliario, los productos de limpieza),…

Afortunadamente se pueden realizar muchas acciones para mejorar el estado de este tipo de edificios, como por ejemplo realizar un mantenimiento y limpieza periodica de los conductos de aire acondicionado, mantener una temperatura óptima del aire, que puede variar entre 21ºC y 23ºC en invierno y entre 24ºC y 26ª en verano, aplicar severas políticas de restricciones a fumar, instalar humidifaicadores, limpiar con regularidad todos los espacios y el mobiliario con productos de limpieza ecológicos, eliminar o recolocar los focos de polución a zonas con mínima ocupación, como por ejemplo las fotocopiadoras, aumentar el número de plantas de interior en los lugares de máxima permanencia, realizar una adecuada toma a tierra de la estructura y de las instalaciones eléctricas del edificio,…

Existen una gran cantidad de soluciones para mejorar estos edificios, aunque la mejor de ellas sin duda, es la prevención. Por este motivo el diseño arquitectónico del edificio resulta de vital importancia si queremos estar saludables. Mediante una correcta ventilación e iluminación natural de los espacios interiores, así como el empleo de materiales naturales durante su construcción, se pueden reducir al mínimo la aparición de este tipo de síntomas.

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